Algunas de las frases que más nos repiten por teléfono o por correo electrónico son las siguientes:

¿Qué?

¿Cuánto?

¿Cómo es posible? Explícame otra vez cómo planteáis la corrección.

Pero mi tesis tiene muy pocos errores, y de ortografía ninguno (¡o menos!).

Eso es el doble de mi presupuesto.

Por eso, este artículo no va sobre cómo corregir tu tesis doctoral si no quieres delegar en nuestro equipo (o en otro, no somos gente celosa), y tampoco una novela, porque sobre eso se ha escrito mucho también.

Para nosotros, la revisión de un texto acoge lecturas distintas para la ortotipografía y el estilo; la experiencia nos dicta que son necesarias dos o tres lecturas de media y la revisión literaria (trama, personajes, discurso…) deben enfocarse hacia otros derroteros.

Todo este proceso también sucede tras el merecido descanso del autor —esas seis semanas que todo el mundo dice que recomienda Stephen King, pero que no tienen por qué ser más ni menos, solo el tiempo suficiente para distanciarse adecuadamente del texto—, la primera lectura que servirá para anotar los problemas más graves en el argumento, la trama, la coherencia de los personajes: en definitiva, lo que está mal en tu novela. Reescritura, segunda lectura, revisión de ortografía, corrección de estilo…

Pautas para corregir una tesis o novela

¡Ahí van algunos consejos que tu próxima corrección salga estupenda! 😉

Cuando llega a manos del corrector, todos los procesos que describe Ana Katzen en este artículo deberían estar liquidados; ahora, queda una primera lectura a través de la que acercarnos al texto y plantear dudas a su autor o autora; después, queda en manos de cada corrector o correctora; yo, por ejemplo, en estos seis años que he trabajado con textos ajenos he separado siempre las lecturas, como me enseñaron; he impreso el texto durante la segunda lectura, y no he necesitado ir más allá de una tercera para devolverlo entre sonrisas.

En mi caso, no acojo tesis técnicas, por ejemplo, solo de carácter humanístico, y cualquier corrección se plantea bajo unas condiciones acordadas con cada cliente. ¿Qué quiere decir esto? A grandes rasgos, quiere decir que, en Vorágine, no revisamos textos constantemente, porque anteponemos desde casi nuestros inicios calidad a cantidad; una situación que se ampara en el mutuo acuerdo, además.

A nivel editorial, antes de la publicación de un libro —actualmente, empiezo a moverme por estos campos, aunque no como corrector— se establecen unos procesos de corrección similares, que evitan erratas y faltas en el documento final.

Corregir una novela o adentrarse en la revisión de una tesis doctoral nunca supone menos de cien horas, por regla general; pueden ser cincuenta, o pueden ser trescientas, pero cada profesional será siempre un mundo, así que lo mejor que se puede hacer es preguntar las palabras que puede corregir por hora un profesional —y no te olvides que esa persona deberá hacer una media que acoja dos o tres lecturas—.

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A todo ello, se suma una última cuestión: una dedicación elevada a tu proyecto, lo que obligará a esa persona a no poder acoger otros proyectos durante el mismo periodo.

¡En definitiva, corregir es un trabajo apasionante, pero es un trabajo que requiere formación, dedicación y altas dosis de atención, por lo que lo mejor que puedes hacer es rodearte de un equipo profesional y, si crees que merecen tu confianza, dársela! La alternativa, como siempre, es acoger ese trabajo personalmente, pero recuerda que, por mucho que sepas de gramática, ortografía y literatura, ¡cuatro ojos ven más que dos!