Nos encanta que nuestros clientes se interesen por el porqué de las cosas y no nos cansamos de recordarles que deben tener presente qué están buscando, cómo lo quieren y si están dispuestos a pagar su precio. 

Hoy día, el término redactor freelance está en boca de todos. Internet ha democratizado esta actividad y, más allá del periodismo de papel y del medio digital, hay miles de personas que buscan su espacio en la red y en los principales portales de artículos de pago.

En los últimos años, los portales de artículos y de trabajo freelance han hecho descender, notablemente, el precio medio de un artículo y, así, la crisis, el aumento de la competencia y la imposibilidad de aconsejar al redactor web una tarifa mínima, puesto que va en contra de la noción de mercado libre, hacen que el precio por hora quede muy condicionado a lo anterior. ¿Pero tan sencillo es escribir artículos de trescientas palabras? En absoluto. No obstante, a dos euros por artículo parece cosa de cuatro o cinco minutos… Dejemos claros unos cuantos conceptos.

Primero, afirmar que un redactor freelance debe cobrar equis por texto (no nos mojamos, que luego llegan las multas), por hora de trabajo o por cualquier otro baremo que se nos ocurra, no solo supone tirar piedras contra nuestro propio tejado, sino que, además, en España, es ilegal, ya que va contra la noción de libre mercado que se aplica a los productos y a los servicios que se comercializan.

Segundo, si realizamos unas cuantas búsquedas en Google, encontraremos tarifas de 45 euros por página, lo que equivale a 15 céntimos por palabra (aplicando una  media de 300 palabras por texto); sin embargo, también hay tarifas diez veces más baratas, sobre todo en portales de compraventa de artículos. ¿A qué atiende esta disparidad de precios? Principalmente, a necesidades documentales, tiempo de redacción, corrección de la ortografía y el estilo del texto… En fin, a la calidad.

Redactor freelance

Un redactor ‘freelance’ puede ser clave para nuestra estrategia de medios sociales.

En Vorágine, nos encanta que nuestros clientes se interesen por el porqué de las cosas y no nos cansamos de recordarles que deben tener presente qué están buscando, cómo lo quieren y si están dispuestos a pagar su precio. Un profesional con quince años de experiencia en un sector no solo es sinónimo de antigüedad, sino también de profesionalidad, calidad y eficacia. Asimismo, es un sector donde el trabajo es variable y, al igual que ocurre con los traductores o los intérpretes, se requiere de un precio que atienda a esa discontinuidad de horas de trabajo que no les exime de pagar el recibo de autónomos y los gastos derivados (oficina, material, etcétera).

En conclusión, nadie puede obligar al prójimo a subir o bajar sus tarifas, pero sí es cierto que hay tarifas que, por muy atractivas que sean, resultan imposibles de mantener; nuestro consejo más valioso es que, en el momento de contratar a un redactor freelance, busquemos el diálogo entre las partes, pues un trabajo puede estructurarse de varias formas, pero siempre entran en juego tres factores: calidad, tiempo y precio, ¿verdad?