El proceso de corrección de un texto incluye diferentes fases y, también, distintos niveles de trabajo; la corrección ortotipográfica deja pocos márgenes de dudas, y lo mismo sucede con la corrección gramatical: más o menos, es fácil saber a qué aspectos se refiere cada una, ¿no crees?

Pero la corrección de estilo,  ¿a qué hace referencia? Muchos son los autores que nos miran recelosos cuando le sugerimos revisar el estilo de sus textos: al fin y al cabo, es algo muy personal que define a cada autor, ¿verdad?

Sin embargo, a menudo, la corrección del estilo se confunde con la corrección gramatical o sintáctica, e incluso con la utilización de palabras erróneas que no admite la Real Academia de la Lengua pese a que se usan con frecuencia en el habla.

Algunos errores frecuentes que encontramos corrigiendo el estilo de los textos.

La corrección de estilo: algunos errores frecuentes

Dentro de la corrección de estilo de un texto está contemplada la revisión de muletillas o vicios del autor, que tal y como sucede en el habla, se van “colando” entre párrafo y párrafo. Es muy importante saber cuándo uno de estos vicios es una seña de identidad de quien escribe y cuándo está empobreciendo el texto.

Asimismo, también hay que analizar el texto en busca de errores de diferente clase, que incluyen las reiteraciones, las omisiones e incluso las inconsistencias. ¡Prepárate para una ronda de palabrejas!

Anacoluto. El anacoluto, también conocido como solecismo, es un error que se caracteriza por la falta de consistencia en la oración y un mal uso del lenguaje, que incurre en impropiedades sintácticas o semánticas. Esta falta de consistencia puede deberse a una omisión de parte de la frase, por ejemplo:

Incorrecta: “Yo es que, bueno, no me parece muy bien.” 

Correcta: “A mí es que, bueno, no me parece muy bien.”

Anantapódoton. Se trata de una variante del anacoluto, y se caracteriza por una falta de simetría en la oración. Es decir, que de dos elementos correlativos que deberían aparecer en ella, solo uno lo hace.

Pleonasmo. Se trata de una redundancia innecesaria. “Sube arriba” o “entra dentro” serían algunos de los ejemplos más claros.

Zeugma. El zeugma es una figura de construcción sintáctica que sirve para unir diferentes unidades de la oración que se encuentran a un mismo nivel. Por ejemplo, no diremos o escribiremos “Marcos era moreno y era delgado”, sino “Marcos era moreno y delgado”.

Puede alcanzar diferentes grados de profundidad: “Marta compró pan; su hermana, arroz y su madre, tomates”. El uso del zeugma hace que el verbo se sobreentienda en toda la oración y, por tanto, suprime reiteraciones totalmente innecesarias.

¿Qué te han parecido? ¿Los conocías todos? ¿Se te ocurre algún otro? ¡Esperamos tus comentarios!