En sus primeros años de vida, Vorágine fue el nombre bajo el que operábamos únicamente dos personas, quienes después de pasar por la facultad de Humanidades (concretamente, de aquella que sigue plantada en la Ciudadela de la Vila Olímpica bajo el logo de la UPF), no sabíamos muy bien hacia dónde encaminar nuestros pasos.

Por aquel entonces, la oferta laboral era, cuanto menos, escasa, y nuestras cabecitas rebosantes de conocimientos sobre las grandes obras de la literatura universal no querían resignarse a tener que hablar de Shakespeare mientras atendíamos llamadas en un call-center o nos cansábamos de lanzar currículos sin éxito.

Porque, aunque todo lo demás fuera una duda constante, al menos una cosa sí teníamos clara: lo nuestro era escribir, y por allí empezamos. Porque para saber hacia dónde vamos, es importante recordar de dónde venimos, ¿verdad?

Cimentando una agencia de comunicación

Las palabras son todo lo que tenemos.

Samuel Beckett

¿Qué hacer cuando las oportunidades parecen escaparse de entre tus manos constantemente? Si no encuentras el trabajo que quieres, invéntatelo”, nos dijo alguien en algún momento. Espera, espera. ¿Hacer facturas? ¿Ser autónomo? IRPF, ¿eso qué es? Para dos humanistas de corazón, todos estos líos burocráticos sonaban a chino, ¿pero qué sería de la vida sin un poquito de emoción?

Decidimos lanzarnos a la aventura —poco teníamos que perder— y, así, empezamos nuestro viaje por el mundo digital, acompañados por un incansable drac, una princesa sedienta de aventuras y un caballero que se dejaba llevar por las circunstancias. ¡El porqué de su compañía, más o menos, ya os lo hemos contado otras veces! Así que ahora ya teníamos todo lo necesario para luchar contra nuestra gran enemiga: la orcografía. Bueno, la mala ortografía, ya sabes.

Nuestras armas eran una modesta página web y un blog en el que no sabíamos muy bien qué publicar: solo sabíamos que debíamos hacerlo, y tener presencia en Facebook, y en Twitter, y donde se pudiera. Por ese motivo empezamos a indagar sobre lo que hacían otras personas relacionadas con la corrección, la literatura o la redacción.

Fue así como descubrimos espacios como el Blog de Lengua de Alberto Bustos, que nos inspiró para una de nuestras primeras categorías: la de normativa. De aquí salieron entradas tan fantásticas como estas:

A fuerza de mucho pensar, decidimos que si queríamos luchar contra la mala ortografía, teníamos que centrarnos en la corrección de textos. Y si, además, nos encantaba la literatura, ¡la cuadratura del círculo residía en contactar con las editoriales para que supieran de nuestra existencia! Sin embargo, muchas editoriales cuentan con profesionales en plantilla, y nosotros no queríamos limitarnos a ser subcontratados de vez en cuando, o mensualmente, por lo que a lo largo de cinco años hemos hecho muchos contactos en editoriales, diarios y revistas, y hemos dedicado tiempo a sectores afines, como la publicidad y el sector académico (tesis doctorales, trabajos de fin de grado, etcétera).

Vorágine - Página web 2010-2014

Primer diseño de Vorágine en plantilla WordPress. Un diseño sencillo que nos acompañó durante más de treinta meses.

El hecho de entrar (más o menos) en el sector nos hizo darnos cuenta de que necesitábamos estar al tanto de las novedades, de los eventos, de las nuevas publicaciones y, en definitiva, de todo aquello que se cocía en el mundillo. Así, empezamos a preparar artículos relacionados con las últimas novedades y entradas con nuestra modesta opinión sobre diferentes temas.

Hablamos de cosas tan dispares como nuestro rechazo a la reforma educativa, la opinión de Javier Marías sobre la degradación lingüística o cuestiones relacionadas con el debate entre libros en papel y en medios digitales que, en ese momento, empezaban a volar por sí mismos.

Lo cierto es que casi nadie las leía, ¡pero no nos importaba! El blog resultaba una herramienta muy poderosa, y todavía estábamos puliendo el filo. También decidimos que, si nos habíamos metido en todo este tinglado porque nos apasionaba la literatura, no estaría de más escribir precisamente sobre eso. Así nació otra de nuestras categorías favoritas, la que se centraba en la literatura. Empezamos a escribir sobre Palahniuk, Bukowski, Murakami, Valle-Inclán… En parte, todo aquello… ¡era fantástico!

Personas que aprenden a ser mejores profesionales

No lo intentes. Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.

Maestro Yoda (Star Wars V: El Imperio Contraataca)

Escribíamos sobre lo que nos apetecía, sin un rumbo demasiado fijo. Si alguien, en ese momento, nos hubiera hablado del target, de segmentar al público o del objetivo de nuestros artículos, probablemente nos habríamos llevado las manos a la cabeza y habríamos acabado hundidos en el más profundo pozo de desesperación. Se trataba, sin embargo, de mantenerse motivados, de seguir haciendo aquello que nos gustaba; así, continuaríamos aprendiendo, y nos negaríamos a tirar la toalla.

Hacer las cosas con corazón o por qué regalar dragones de fieltro por Sant Jordi.

¡Preparar dragones de fieltro para festejar Sant Jordi era una forma genial de mantenerse motivado!

Todo aquello relacionado con el marketing digital nos era totalmente ajeno y, antes o después, nos dimos cuenta de que, si realmente queríamos mantenernos a flote trabajando de aquello que más nos gustaba, debíamos ponernos las pilas y empezar a desenvolvernos con soltura en el medio digital. Fuimos extendiendo nuestra red de colaboraciones, sumando a nuestro pequeño equipo un buen número de traductores y redactores con los que sabíamos que podíamos contar. Uniendo creatividad y pasión con conocimientos, fusionando el SEO o el marketing de contenidos con la literatura, el arte y la comunicación.

Seguíamos siendo pocos, pero sin darnos cuenta ya habíamos sentado las bases de nuestra marca, de lo que sería la agencia de comunicación digital: calidad frente a cantidad, resultados frente a promesas, cercanía frente a indiferencia. No éramos una gran empresa, pero tampoco pretendíamos serlo; jamás quisimos eso: a nosotros nos tiraba más que la gente pudiera ponernos nombre y apellidos, tomarnos una cervecita con un cliente, hacer un favor a un compañero o enfrascarnos en proyectos que no siempre ofrecían la máxima rentabilidad, pero que nos apetecía hacer, con cabeza, eso sí, y haciendo uso de la experiencia.

La verdad es que de nuestra primera etapa aprendimos muchas cosas: algunas de nuestros éxitos (conseguidos sin ser muy conscientes de ello, todo sea dicho), pero muchísimas de nuestros errores. Y, quizá, la lección más importante de todas es que no puedes hacer las cosas sin corazón; hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes, ¿no es así como deberíamos vivir?

Sobre esta base decidimos asentar nuestra nueva etapa como agencia y, de esta manera, renovamos nuestra imagen de marca y, poco a poco, perfilamos un estilo muy personal con el que queríamos demostrar que nuestra agencia no es como las demás. Al fin y al cabo, ¿quién más tiene un dragón como mascota?