A medida que van llegando y entregándose proyectos de corrección y traducción uno va comprendiendo las principales dudas del cliente. Las editoriales son perro viejo y, normalmente, saben qué quieren y cómo lo quieren; no obstante, las pymes y los clientes particulares suelen tener dudas respecto a cuestiones que pueden parecer elementales.

Por ello, se nos ha ocurrido poca cosa para este viernes y… (¡ejem!) que podríamos dedicar la entrada semanal a responder unas cuantas preguntas tópicas que, de algún modo, también sirvan para que nos podáis conocer un poco mejor.

¿Por qué necesito que alguien me corrija la ortografía si ya lo hace Word?

Perjuraré que, hasta hace unos años, creía que nadie dudaba del trabajo de un corrector ortotipográfico o de estilo, no obstante, el mundo está lleno de gente que parece pensar que somos sustituibles por un programa de ordenador o una app para iPhone. (Sin acritud.)

La respuesta puede resumirse en: “Porque un procesador de texto no piensa.” Los ordenadores pueden comprender qué es la normativa o la gramática , pero no la intención comunicativa. Por ejemplo, un error común aparece con el uso incorrecto de la tilde diacrítica, la diferenciación entre dos palabras con tilde diacrítica no es comprendida por la mayoría de los correctores autómaticos debido a que las dos palabras pueden tener coherencia en una frase concreta. Existen miles de vacíos insalvables que nos dan de comer a unos cuantos, esa es la mejor baza para contratar a un corrector de ortografía y estilo.

Sí, dijo.

Si dijo digo, dice Diego.

Yo no cometo faltas de ortografía, ¿por qué necesito a un corrector?

Obviando que, sin una revisión escrupulosa, cualquier texto es susceptible de contener más de un error. Existen unos cuantos imponderables con los que todo corrector de ortografía y estilo suele lidiar diariamente: errores de coherencia, palabras homófonas, parónimos, etcétera.

 Abajo hay tres despachos de oficinas.

Comprar a bajo coste no siempre da buen resultado.

¿Por qué cobráis recargos por urgencia y festivo?

Porque somos humanos y, a veces, tras doce o catorce horas de trabajo nos caemos de sueño y nos damos cabezazos contra objetos contundentes. Corregir, redactar o traducir es nuestra pasión, pero tenemos un límite. Ese límite suele ser una jornada laboral de ocho horas —cuarenta por semana—, las cuales, también por norma, solemos exceder exageramente moderadamente.

Sin embargo, corregir en dos días 50.000 palabras es una gesta imposible: pues no cuentas con tiempo para revisar un texto en profundidad. Otros encargos sí pueden realizarse en pocos días, pero concentrando esfuerzos en un proyecto con todo lo que ello implica (jornadas laborales mucho más largas, reorganizar los proyectos del mes, colaboraciones, etcétera).

¿Por qué vuestra hora de trabajo cuesta, por norma, un mínimo de 20 o 25 €?

Porque, por mucho que se intenten ajustar los precios, los proyectos de gran parte del sector son realizados por trabajadores autónomos.

No todos los autónomos que se dedican a la corrección de textos, tampoco los traductores, tienen un sueldo fijo, pero sí tienen que hacer frente a unos gastos fijos (cuota, desplazamientos, lugar de trabajo, etcétera). El coste por hora del corrector o traductor es siempre menor a la incorporación en plantilla de un trabajador fijo o estacional para el cual suele no haber trabajo continuo, no obstante, suele llevar un plus en concepto de trabajador externo y puntual.

Aun así, voy a seguir utilizando el traductor de Google o un corrector como el de Softcatalà

Totalmente lícito. Son herramientas fantásticas (bueno, sobre todo la segunda opción), como muchas otras que los correctores y traductores utilizamos, pero recordad que no van a trabajar por vosotros, y tienen desventajas importantes a tener en cuenta.

Echadle un vistazo al blog de ‘Traductores compulsivos’ sobre el traductor de Google.

Al menos nos quedan las risas… 😉

vorágine corrector de textos

Vorágine es una agencia de comunicación que ofrece, principalmente, servicios de corrección, marketing de contenidos y asesoramiento lingüístico.