No sé a quién dirigir este artículo. Si a los lectores del blog, a mis amigos del colegio o a mi madre, pues sobre la tarea del corrector de textos —tan grata como invisible— quizá cada profesional tenga una idea exacta y, a la vez, muy distinta a la del resto de los que trabajamos total o parcialmente en ello.

Personalmente, cuando cojo un bolígrafo rojo —cada vez menos— o activo el corrector de cambios —cada vez más— separo en tres las necesidades de un texto: limpiar el texto, fijar la expresión o la construcción correcta y recoger otras posibilidades en las notas adyacentes; aquello que la RAE resume en Limpiar, fijar y dar esplendor.Sobre lo que hace un corrector profesional

El papel de un corrector profesional

Si tú me preguntases hoy, 19 de enero de 2015, recuperaría algunas entradas que hace ya dos años recogían la opinión de algunos colegas del sector sobre el oficio de corrector para demostrarte la variedad de opiniones que existen (siempre a partir de una base).

En estas entradas intentábamos desglosar la diferencia entre un corrector de ortotipografía, que acoge ortografía, gramática y tipografía en un primer nivel, y el estilo, la coherencia y el contenido del documento en un segundo nivel.

El corrector de estilo, además, es una figura todavía más desconocida, y por ello en reiteradas ocasiones durante los últimos años, hemos preparado publicaciones para que los lectores del blog comprendiesen adecuadamente de qué estábamos hablando.

Qué recursos utiliza un corrector profesional

Por otro lado, a quien le interesase, intentaría que se ojease algunos de los recursos que utilizamos diariamente en formato libro (pocos)  y manuales de consulta, diccionarios y listas o glosarios, de los cuales hemos hablado en la serie de Recursos del corrector (I, II, III) y que permiten hacerse una idea de la complejidad documental y de contraste de información que exige el trabajo.

En suma, intentaría demostrarle lo mismo que a nuestros clientes: no se trata de ortografía, gramática o estilo, sino de comunicación, y sobre todo de comunicación eficiente. Comunicar es entenderse y el correcto uso de la lengua es quien nos facilita esta misión; y nos ayuda a vender, a convencer, a informar o a hacer que un tercero cambie de opinión.