El realismo sucio (dirty realism) es un género literario que pretende reducir el hecho narrado hasta sus elementos fundamentales. Con frecuencia se ha confundido con el minimalismo, siendo éste un hijo tardío del mismo; con características similares: abstracción, economía del lenguaje o síntesis, precisión y sobriedad descriptiva.La máquina de follar, de Charles BukowskiSu origen se data en Estados Unidos durante los años setenta, destacando a John Fante, Charles Bukowski y Richard Ford como los escritores más relevantes del estilo. El legado de esta primera generación lo ha seguido desde la corriente americana el famoso escritor Chuck Palahniuk, autor de la obra El club de la lucha; se adscribe a la misma una variante cubana compuesta por Zoé Valdés, Pedro Juan Gutiérrez y Fernando Velázquez y algunos autores españoles como Carmelo Iribarren y Roger Wolfe.

El realismo sucio refleja un mundo gris, carente de los eventos extraordinarios propios de la ficción, muy cercano a la banalidad propia de la rutina de los seres humanos, hasta el punto de caer, a menudo, en la vulgaridad. Cercano a posturas filosóficas nihilistas, es una temática carente de heroísmo y cuyas historias, como la vida misma, dejan un final siempre abierto.

Los sucesos cruciales que toda narración mantiene, los picos en la trama, se cierran sin resolverse. Pequeñas anécdotas, historias breves, lenguaje coloquial… El éxito del realismo sucio, de este género minimalista, se basa en explicar historias que todos hemos vivido. No son grandes historias de honor ni amor, el texto no da pie a pasiones desenfrenadas ni a un humanismo que permita mostrar las grandes pasiones del espíritu, sino todo lo contrario.

El mundo desensibilizado, y las tragedias sordas que se revuelven en cada esquina. ¿O no es cierto que todos comemos, cagamos y morimos sin que todo ello deje de ser anodino a los ojos del mundo?