De vez en cuando algún cliente curioso me pregunta por los principales recursos que utilizo para corregir. La respuesta no es sencilla, puesto que si bien hay una serie de recursos perennes (Ortografía y ortotipografía del español actual, de Martínez de Sousa, el Libro rojo de C&C, Fundéu, el Diccionario panhispánico de dudas, la lista de correo de UniCo…), a menudo, el corrector de textos debe adaptarse al trabajo en cuestión.

En mi caso, por ejemplo, mi labor profesional me ha llevado a un camino intermedio entre la corrección y la redacción (como podéis ver en la página web) y, por esa razón, los encargos que acojo como corrector siempre intentan rehuir una dedicación a tiempo completo. Así, por regla general, me topo con tesis doctorales y otros trabajos académicos, pequeños artículos, páginas web u otros contenidos digitales y, en algunos casos, cuando el interés y el espíritu del corrector profesional conspiran entre sí más de la cuenta, también con algunas novelas y libros de formación.

En otras palabras, ante la pregunta: ¿con qué recursos debería contar el corrector de textos (sea en un trabajo de ortotipografía, o sea de estilo)? Empezaría por lo más básico: en primer lugar, el Diccionario de la lengua española (que puede consultar en formato digital, y ahorrarse líos y pesos pesados en la estantería) y el Diccionario panhispánico de dudas, el cual consulto un cincuenta por ciento más a lo largo de mi jornada laboral, pues es un pilar para evitar cualquier error de carácter ortográfico, léxico o gramatical.

Seguidamente, hay que escoger algún autor de referencia, que para muchos es Martínez de Sousa, y de ahí sustraería tres manuales: la Ortografía y ortotipografía del español actual y el Manual de estilo de la lengua española que, sin consultarlo, perjuraría que está dividido en dos volúmenes. Personalmente, el Diccionario de redacción y estilo me parece fascinante más de veinte años después de su publicación, siendo un recurso fantástico para aquel que se atreve a escribir, y aquel otro que tiene el coraje de cambiar lo que otro dijo en primera instancia; algo que considero un corrector de estilo jamás debe olvidar si quiere hacer bien su trabajo.

Corrector de textos

Tras todo esto, los artículos de Fundéu dan una pincelada más a los recursos a través de los que yo suelo moverme. Quizá por actualidad, si me preguntáis. Algo que la RAE tiene muy presente pero que no mantiene en igual medida, y a mi modo de ver delega en parte en la Fundación del español urgente que, bajo los mismos principios, da una respuesta más rápida a ciertos problemas de la lengua.

De lo más básico de lo más básico queda cierto material de Cálamo, institución de referencia con una estrecha relación con muchos profesionales que forman parte de UniCo (la Unión de correctores), y ofrecen sus servicios profesionales. En España, a diferencia de otros países que sí tienen titulaciones de corrección profesional, existe conciencia de esto, y muchos de nosotros recurrimos a los compañeros, las listas de correo, y esas curiosas alma máter para solucionar algunas dudas que se nos presentan.

Después, la lista se empieza a extender, por supuesto. Y a mí, entre otros, me encanta el Blog de lengua española del filólogo Alberto Bustos, por sus ejercicios, sus recursos e inclusos sus podcasts, que demuestran lo importante que resulta estar actualizado, tanto en el mundo académico como en el medio profesional. Sin embargo, la abundancia de recursos “oficiales” con los que contamos hace difícil desviarse de los principales puntos de interés.

¿Dónde ocurre esto pues? En mi experiencia, se va más allá de todos estos recursos cuando entramos en un sector concreto —donde se necesitan glosarios específicos, por ejemplo. Esto, que suele ser una estupenda oportunidad para abrirse a otras ramas del conocimiento, requiere una colaboración constante con los propios clientes o con profesionales relacionados. Así pues, al final una de las armas más poderosas del corrector de textos es la comunicación, que es lo que nos permite llevar a cabo nuestra tarea de una forma eficaz,  normativa, coherente y, sobre todo, adaptada al entorno del texto que tenemos entre manos.