…Al menos, cuando se os atasquen

Cualquiera que se dedique a la creación de contenidos online sabe que la productividad es esencial. Para los clientes, y para la facturación propia. Debemos ser capaces de producir una gran cantidad de textos diferentes, para diferentes sectores, con diferentes objetivos, para diferentes públicos, y con diferentes enfoques.

Blogs, descripciones de productos, copy para web, manuales, landings, y eso sin contar contenidos para redes, etc.

Y claro, debemos ser originales, o todo lo originales que se pueda en un campo donde se bebe constantemente de otras fuentes. Es, además, un rasgo clásico del escritor/a, esa necesidad de diferenciarse, de escribir algo que llame la atención.

Y esto, a veces, genera problemas de productividad.

Cuando una buena idea se convierte en un problema

Escena corriente para un redactor freelance:

Tienes toda la mañana para sacar 3 artículos de 3 temas X diferentes. Te pones con el primero, fresco, despejado, lo sacas en veinte minutos. Maravilloso. Pasas al segundo, que esperas irá más rápido porque ya has calentado motores. Y entonces, mientras piensas cómo organizar el artículo, tienes una buena idea. Qué digo, buena. Una idea cojonuda. Fantástica. Los lectores fliparán y el cliente estará muy satisfecho.

Te pones a ello.

Te atascas.

Vaya. Parece que no acabas de dar con las palabras adecuadas. Borras la frase y te pones otra vez, y esta vez logras el párrafo entero. Pero leyéndolo, no te convence. La idea es demasiado buena para un párrafo tan vulgar. Así que lo borras e insistes.

Antes de que te des cuenta, has perdido veinte minutos con ello.

Has dedicado el mismo tiempo en escribir un texto entero, que en perfilar un párrafo con esa idea tan magnífica.

Luego alguien manda un email que debes responder, o te llaman por teléfono. Rollo cortado. Vuelta a empezar.

¿Te suena? A mí me ha ocurrido muchas veces, y lo mismo con todos los escritores/as con los que he hablado del tema.

Esto pasa mucho cuando escribes un libro, sea ensayo o novela: buscas la perfección, y una pequeña porción de texto se atasca a lo grande. Pero con un libro, los plazos son relativamente dilatados. No pasa nada por dedicarle unas horas a unos párrafos esenciales donde debes dar lo mejor de ti.

Pero en internet esto no te lo puedes permitir. Por tres motivos:

  • Los plazos son cortos: hay que publicar X texto X día, o se tambalea la estrategia de SEO o de marketing que tengas en marcha. O sencillamente se lo debes al cliente. Es un ritmo de trabajo acelerado. Si te encantas con una gran idea que se atasca, pierdes el ritmo, pierdes tú, y pierde el cliente.
  • El volumen es grande: si quieres vivir de escribir, tienes que facturar mucho, lo que supone escribir muchos textos diferentes. Si pierdes dos horas en algo que deberías hacer en media, no sacas el volumen que tienes, y facturas mucho menos.
  • Tu trabajo es efímero: cuando escribes un libro piensas en algún tipo de posteridad, en algo que se pueda leer y disfrutar igual dentro de 5 o 20 años. Pero la vida de un texto en internet es cortísima. Cuando una buena idea te sale del tirón y clavas el texto, el público lo disfruta, lo comparte, y le alarga la vida. Pero a menos que viralices un texto de narices, dentro de 2 o 3 meses nadie se acordará. Y la pieza creativa se convierte en un montón de contenido a peso (X palabras con X reacción del público) cuya función principal es que Google vea que te lo curras y mejore el posicionamiento.

Así que, aún asumiendo que siempre debemos ofrecer nuestro máximo nivel de calidad… ¿vale la pena dedicarle tanto tiempo a una buena idea que se te ha atascado?

La respuesta, claro, es un NO como un castillo.

Yo, lo que hago, es marcarme un Stephen King. Saco mi escopeta recortada, y ejecuto esa gran idea. Y sin remordimientos.

Mata a tus hijos más queridos

“¡Mata a tus hijos! ¡Mátalos a todos!”. Resumidamente, este viene a ser el consejo que da Stephen King a los escritores noveles en su libro “Mientras Escribo”.ideas-redaccion-de-contenidos

Postula que es contraproducente atascarse en busca de la perfección, empantanarse en el lodazal de una grandísima idea para la que no encuentras las frases adecuadas.

La productividad baja enteros, y por prosaico que sea, este punto es fundamental. Si no produces no comes, y si no comes, no puedes producir.

Yo hago mía esta idea, y adaptando los plazos y el tiempo invertido, la aplico al contenido online tanto como puedo.

Si se me atasca un párrafo con una idea central, le dedico unos diez minutos aproximadamente, tres o cuatro reescrituras. Si veo que la cosa no sale, la elimino y replanteo lo que quiero decir. Mano de santo. Es como si tu cerebro, aliviado por abandonar un problema irresoluble, trabajara el doble con la siguiente idea que tenga.

Si lo que se atasca es un artículo entero, igual. Le dedico veinte minutos a reescribir y replantear el artículo. Hago truquillos, como lo de dejar la intro para el final y enfocarme en el texto central. Y si veo que después de un buen rato aquello no tiene ni pies ni cabeza, borro toda la estructura y la replanteo de nuevo.

Nunca lloro por esas buenas ideas perdidas. La humanidad podrá vivir perfectamente sin ellas, o se le ocurrirán a otro que lo hará mejor. Y a fin de cuentas, las buenas ideas son infinitas. Siempre vendrán otras detrás.

Si también te ocurre, y caes en la desesperación cada vez que se te escapa una mañana entera en un par de textos sencillos, prueba a hacerte un King, y compara los resultados.

Quizá te pase como a mí, y le cojas el gusto a esto de liquidar buenas ideas.